Octavio Paz
En el fondo de la mirada una escalera que trepaba entreverada hacia lo alto,
una vez allí el trampolín obligado hacia las aguas sacudidas de espuma que mecían los leños de lo que pareció ser un naufragio.
Todo para volver a la mirada y salirse por ella hacia lo cotidiano que cambia de color a medida que el día avanza o retrocede.
Todo para tocar un árbol con las yemas rojas o azules y tender un puente para que las hormigas finalmente lleguen a destino y el cuerpo que sostuvo la mirada en primer lugar caiga hundido en su pequeño fin del mundo.
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